Para gustos los colores, para paladares poco educados, el girasol. Y para atrevid@s que gustan de deportes de riesgo con la salud, el girasol y grasas semejantes de semillas, eso está claro.
Aclarando que es gerundio (y repitiéndome). Aceite es sólo lo que sale de la aceituna de forma mecánica. Lo demás son grasas vegetales obtenidas de diversas semillas por distintos métodos químicos. Espachurra una aceituna: sale aceite. Espachurra un puñado de pipas, con mortero si quieres, a ver qué tienes. O echas mano de la química o no sacas de ahí la grasa.
Aclarando que es gerundio (y repitiéndome). Aceite es sólo lo que sale de la aceituna de forma mecánica. Lo demás son grasas vegetales obtenidas de diversas semillas por distintos métodos químicos. Espachurra una aceituna: sale aceite. Espachurra un puñado de pipas, con mortero si quieres, a ver qué tienes. O echas mano de la química o no sacas de ahí la grasa.
De ahí la gran diferencia entre el #AOVE (aceite de oliva virgen extra) y el resto. Hablamos del jugo de un fruto y no de extractos de semillas. Un jugo que se obtiene en su punto justo no de mayor rendimiento si no de mayor contenido de sustancias minoritarias... Ah, los componentes minoritarios.
Con el aceite usado siempre se ha hecho jabón. Ahora, afortunadamente, se hace con #AOVE. No obstante, hay un 2% del aceite que es insaponificable, imposible de transformar en jabonoso y ahí es donde están los componentes minoritarios, los que hacen del #AOVE prácticamente un curalotodo desde los tiempos más remotos. Aunque sea en estos días cuando se han empezado a nombrar y a definir sus funciones.
Hidroxytirosol, uvaol, eritrodiol, oleocanthal, escualeno... cada uno con su beneficio, y no poco importante, para nuestro organismo. Entre todos actuando como antioxidantes, ayudándonos a no envejecer, protegiendo nuestras células del cáncer. Además repartiéndose el trabajo... El mundo de los polifenoles es así.
Y por si fuera poco, por no alargar, el ácido oléico, presente también en mínimas proporciones en las grasas vegetales, con altísimos niveles. Fue el culpable, cuando se descubrió que no era el malo de la película, que no tenía nada que ver con el colesterol, que ayudaba a adelgazar y que era cardiosaludable, del cambio radical en el consumo del girasol. Si el #AOVE ya no era veneno, las ventas de girasol, y pasó, se desplomarían. Había que inventar algo. Nació el girasol alto oleíco: modificado genéticamente para que tuviera los mismos niveles de este ácido que el oliva y así, en lo cardiosaludable, estuviera en igualdad de condiciones. Lo está, sólo en lo cardiosaludable. En lo demás, no hay modificación genética que valga. Te protegerá el corazón, pero el resto del organismo lo ignora.
Lo diga Agamenón o su porquero, consumes como saludable, cardiosaludable, un producto modificado genéticamente para imitar a otro que ya lo trae de serie y con un buen puñado de equipamiento de fábrica que es imposible de imitar.
Inimitable también a la hora de freír. La grasa de girasol, como todas las grasas vegetales, pringan y mucho. Haced el experimento en casa. Freid exactamente igual unas patatas en una grasa vegetal, escurrid sobre la sartén o la freidora, y después ponedlas sobre un papel de cocina doble o triple. Repetid la operación, ahora con virgen extra. A ver qué papel está más pringoso. A ver qué patatas están más pringosas.
Es cuestión de composición molecular. Volvemos al inicio: no es lo mismo el aceite, obtenido de un fruto, que la grasa obtenida químicamente de semillas.
El girasol se entremete en el alimento que estás friendo, por más que lo hayas rebozado con harina, huevo, pan rallado o tempura. Se cuela y se mezcla. Al margen de la zorrera que lía a fritanga en la cocina -supongo que es cuestión de acostumbrarse, no lo he conseguido en toda mi vida-, por más que escurras el alimento para eliminar la grasa sobrante, hay mucha dentro. De modo, que tiene más calorías, aunque aceite y cualquier tipo de grasa tienen las mismas calorías. Pero a más cantidad, más calorías. Eso sin entrar en economías. Ese aceite ya ha perdido sus, ya de por sí, pocas cualidades nutritivas. Apenas dará para otra fritura antes de que las polaridades se inviertan y deje de ser útil.
Con el aceite usado siempre se ha hecho jabón. Ahora, afortunadamente, se hace con #AOVE. No obstante, hay un 2% del aceite que es insaponificable, imposible de transformar en jabonoso y ahí es donde están los componentes minoritarios, los que hacen del #AOVE prácticamente un curalotodo desde los tiempos más remotos. Aunque sea en estos días cuando se han empezado a nombrar y a definir sus funciones.
Hidroxytirosol, uvaol, eritrodiol, oleocanthal, escualeno... cada uno con su beneficio, y no poco importante, para nuestro organismo. Entre todos actuando como antioxidantes, ayudándonos a no envejecer, protegiendo nuestras células del cáncer. Además repartiéndose el trabajo... El mundo de los polifenoles es así.
Y por si fuera poco, por no alargar, el ácido oléico, presente también en mínimas proporciones en las grasas vegetales, con altísimos niveles. Fue el culpable, cuando se descubrió que no era el malo de la película, que no tenía nada que ver con el colesterol, que ayudaba a adelgazar y que era cardiosaludable, del cambio radical en el consumo del girasol. Si el #AOVE ya no era veneno, las ventas de girasol, y pasó, se desplomarían. Había que inventar algo. Nació el girasol alto oleíco: modificado genéticamente para que tuviera los mismos niveles de este ácido que el oliva y así, en lo cardiosaludable, estuviera en igualdad de condiciones. Lo está, sólo en lo cardiosaludable. En lo demás, no hay modificación genética que valga. Te protegerá el corazón, pero el resto del organismo lo ignora.
Lo diga Agamenón o su porquero, consumes como saludable, cardiosaludable, un producto modificado genéticamente para imitar a otro que ya lo trae de serie y con un buen puñado de equipamiento de fábrica que es imposible de imitar.
Inimitable también a la hora de freír. La grasa de girasol, como todas las grasas vegetales, pringan y mucho. Haced el experimento en casa. Freid exactamente igual unas patatas en una grasa vegetal, escurrid sobre la sartén o la freidora, y después ponedlas sobre un papel de cocina doble o triple. Repetid la operación, ahora con virgen extra. A ver qué papel está más pringoso. A ver qué patatas están más pringosas.
Es cuestión de composición molecular. Volvemos al inicio: no es lo mismo el aceite, obtenido de un fruto, que la grasa obtenida químicamente de semillas.
El girasol se entremete en el alimento que estás friendo, por más que lo hayas rebozado con harina, huevo, pan rallado o tempura. Se cuela y se mezcla. Al margen de la zorrera que lía a fritanga en la cocina -supongo que es cuestión de acostumbrarse, no lo he conseguido en toda mi vida-, por más que escurras el alimento para eliminar la grasa sobrante, hay mucha dentro. De modo, que tiene más calorías, aunque aceite y cualquier tipo de grasa tienen las mismas calorías. Pero a más cantidad, más calorías. Eso sin entrar en economías. Ese aceite ya ha perdido sus, ya de por sí, pocas cualidades nutritivas. Apenas dará para otra fritura antes de que las polaridades se inviertan y deje de ser útil.
El #AOVE forma una película en torno al alimento que se sumerge en la sartén, de modo que, en realidad, se cuece en su propio jugo con los nutrientes del #AOVE. Obtienes fritos crujientes por fuera y en su punto por dentro, hechos casi como en papillote, con la cantidad justa de aceite. Además, reutilizable varias veces más, las suficientes como para compensar usar #AOVE y no girasol. Por supuesto, el aporte calórico es menor.
Lástima que sólo sea plumilla y no pueda profundizar más en estos temas, pero hay muchos blogs, científicos, que os pueden resultar de ayuda y resolver cuantas dudas tengáis al respecto.
Marga Reig

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