Una epifanía, una auténtica epifanía (una manifestación, una aparición, según el diccionario de la RAE) fueron para mí, y para muchos de los que allí estábamos (Caseta de @cienxcienjaen, lunes 13 de octubre, mediodía, Jaén, #SanLucas2014) siguiendo los comentarios del alma mater de Cerro Puerta, Marcos Reguera sobre las lecciones magistrales de Pedrito Sánchez @sanchez_jaen (jefe de cocina de @Res_CasaAntonio) y de JuanPa Gámez (propietario y jefe de cocina de @lossentidos13), las palabras en mitad del primer plato de JuanPa. Toda una declaración de principios sobre el #AOVE.
@MParedesRamirez de @ADirecto con @Sanchez_Jaen y @lossentidos13
Estaba Juan Pablo montando un plato muy jiennense por los ingredientes: trucha y pipirrana, que no por la ejecución ni por el montaje final. Además se había venido pertrechado con tres botellas de #AOVE. A saber: Oro Bailén arbequina y dos de Castillo de Canena, Royal y el Picual Reserva Familiar. Tres mosqueteros como el tronco de un olivo centenario.
En una de las que andaba echando con donosura y generosidad un chorreon de #AOVE, acaso a la pipirrana, quiso aclarar lo que la vista ya estaba dando por sentado, que cuando decía aceite, así sin más apellidos, se refería a aceite de oliva virgen extra. Las botellas, irellenabilísimas, lo proclamaban a las claras y su buen hacer gastronómico venía anunciándolo. No obstante, JuanPa fue más allá. Cuando digo aceite, vino a explicar, más o menos, siempre hablo de aceite de oliva virgen extra, no entiendo cocinar con otra cosa y sobre todo siendo de Jaén. Lo demás no es aceite, es grasa, se llame como se llame. No son sus palabras exactas, pero si que es la idea.
En definitiva, todo lo que no sea aceite de oliva virgen extra, o muy aproximado (virgen), es una grasa.
Y no le falta ni una pizca de razón, ni organolépticamente hablando, ni siquiera con el diccionario en la mano, aunque el de la Real Academia hasta hace muy poco se mereciera un pescozón.
En español, o castellano por ser constitucionalista, tenemos dos raíces para formar palabras referidas a todo lo referente al olivo y al aceite. El latín: oleo, olivo... y el árabe: aceituna, aceite. Las dos hablan exactamente de lo mismo: aceite de oliva. Me explico. En latín, olea es la oliva, el olivo, la aceituna. Igual que oliva. Olivum, aceite de oliva. En árabe es aún más claro: aceite y aceituna.
Por tanto, resulta cuando menos una disgresión lingüística hablar de aceite de soja, de girasol o de ballena. Equivale a una barbaridad tal como "grasa" de aceituna de soja, de girasol o de ballena. Lo dicho, una barbaridad.
¿No sería más lógico que a todo lo que no provenga de la aceituna o de la oliva se le llame grasa? Al fin y al cabo es lo que es, una grasa, con las mismas calorías que la de la aceituna pero con muchísimos menos efectos saludables. ¡Se siente!
Pocas esperanzas albergo de que este cambio nominativo se produzca, pero... A no ser que se empeñe, no estaría mal, @JaenGastronmco.


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